viernes, 4 de mayo de 2018

Potosí. Historia de un viaje en el sur del mundo de Isabella Lorusso


POTOSÍ. Historia de un viaje en el sur del mundo
Isabella Lorusso

ISBN: 9788479481483
152 páginas
14 euros

"Potosí. Historia de un viaje en el sur del mundo" es un periplo en varias dimensiones: personal, política, social y relacional. Está escrito en clave autobiográfica y, aunque hay nombres y situaciones ficticias, cada uno puede hallar algo suyo porque los sentimientos son universales, como la vida misma. La ­autora habla de su infancia, de su vida en el sur de Italia, de la discriminación padecida en cuanto sujeto diferente a los demás y luego se desplaza y conduce al lector por varias ciudades del mundo, desde Potosí hasta Sarajevo, pasando por Cuzco, Lima, la Higuera o Lisboa. Finalmente el círculo se cierra con el regreso a la Apulia con un fin que parece un principio. Un principio que se espera nunca tenga fin.

jueves, 5 de abril de 2018

Elisa mató a Ruth de Ruth & Ma


ELISA MATÓ A RUTH
Ruth & Ma

ISBN: 9788479481452
616 páginas
30,00 euros

Ruth era una chica normal, hija de padres asalariados y con dos hermanos, que estudiaba Pedagogía en la Universidad de Barcelona y era auxiliar administrativa en un hospital. A sus 23 años, un día animan a todo el personal a donar sangre. Como “premio”, a todos se les hará gratis una analítica que incluye el test del SIDA.
Tuvo la desgracia de dar positivo al test ELISA, que detecta anticuerpos que en realidad son inespecíficos. Su vida cambió radical y cualitativamente. Desde que la etiquetaron “seropositiva”, Ruth no volvió a ser la misma. A partir de aquel momento comenzó un peregrinaje teniendo como acompañantes a su pareja, a su familia y a sus amigos. Fue invadida por el miedo, la amenaza y el estrés. Luego su cuerpo fue intoxicado con medicamentos, y su alma con la desesperanza. Un viaje que la llevó a la muerte.
ELISA mató a Ruth es el testimonio documentado de su madre, desde que nació Ruth en 1964 hasta sus últimos momentos en 1992, y relata cómo transcurrió este desastre. Mucho más allá de limitarlo al sufrimiento, la autora narra lo que sucede contextualizándolo desde la Barcelona olímpica  y el discurso amenazador del SIDA. 


"La Historia es lo que unos quieren olvidar y otros no pueden olvidar."
                    Pierre Vilar (1906-2003)

martes, 27 de marzo de 2018

Adagia selecta de Erasmo de Rotterdam



ADAGIA SELECTA
Erasmo de Rotterdam
ISBN: 9788479481476
232 pàgines
16 euros

"Vivir al día. Vivir despreocupado
Todo es común para los amigos
El perro sueña con el pan
A Dios nadie puede engañar
Conócete a ti mismo
El vestido hace al hombre
La política no es para poetas
Bueno es siempre el olor del dinero
Exigir tributo a un muerto"

Los Adagios de Erasmo de Rotterdam (1466-1536) fueron
el mayor repertorio de proverbios, sentencias y máximas
de la cultura grecolatina realizado en la época moderna.
Esta selección de ciento trece Adagios selectos son una
suma de la moral y el pensamiento antiguo y de la vida
cotidiana del occidente moderno. Y complementándo la
presente edición, el diálogo crítico con el papado, Julio
rechazado del cielo.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Barcelona y el Rey de Alfredo Chamorro

BARCELONA Y EL REY
Las visitas reales de Fernando el Católico a Felipe V
Alfredo Chamorro

ISBN: 9788479481414
360 páginas
26,50 euros

 La llegada a Barcelona de los reyes de la dinastía Habsburgo siempre fueron momentos de especial significación para sus ciudadanos, acostumbrados a su permanente ausencia. La ciudad se preparaba a conciencia para la ocasión para mos­trarse ante el soberano en todo su esplendor y solemnidad posible. Se celebraban todo tipo de festejos, como torneos y saraos, y se llevaban a cabo grandes ceremonias. En este contacto entre el rey y los barceloneses, entraron en juego distintas tradiciones ceremoniales: por un lado, las propias de las instituciones catalanas como el Consell de Cent y la Generalitat y, por el otro, la propia de la monarquía. En este punto se hacía imprescindible la voluntad de negociación de las partes implicadas, todo ello condicionado por el contexto político de cada momento.

Este libro aporta una nueva visión de la integración de Barcelona y Cataluña en la monarquía de los Habsburgo, desde el punto de vista de la presencia física del rey en la ciudad. Fruto de años de investigación en archivos y bibliotecas, el autor ofrece gran cantidad de información hasta ahora des­conocida que, sin duda, renueva el debate sobre la relación entre Barcelona y el rey.

jueves, 22 de junio de 2017

Presentación Lenta luz de la Habana de Ramon Surroca en Madrid


PRESENTACIÓN EN MADRID

Libreria Rafael Alberti
c. Tutor, 57 Madrid
Día: 24 de junio
Hora: 13 h.
Presentará Ángel Silvelo

http://www.libreriaalberti.com/agenda/#sthash.9FNL2VcS.dpbs











viernes, 12 de mayo de 2017

Lenta luz de la Habana de Ramon Surroca


Lenta luz de la Habana
Ramon Surroca

ISBN: 9788479481438
286 páginas
PVP: 16 euros

Lenta luz de la Habana cuenta la historia de un grupo de amigos cubanos que han constituido una organización de acogida de turistas denominada la cooperativa. De la mano de la pareja protagonista, proveniente de Barcelona, asistimos a las complicadas vicisitudes a las que se ven sometidos los miembros de esta organización familiar como consecuencia de las condiciones políticas y económicas que padece la isla. Lenta luz de la Habana retrata el anhelo utópico que todavía persiste en muchos cubanos a pesar de las sombras que proyecta sobre ellos un régimen que se presentó como liberador y ha terminado convirtiéndose en totalitario. Más allá de partidismos ideológicos, Ramon Surroca rescata la verdad que subyace en la difícil esperanza de sus protagonistas y en la atmósfera poderosa de un paisaje que lo impregna todo y que refleja con precisión el auténtico rostro de Cuba, un lugar que se convierte en estas páginas en metáfora de la humana capacidad de perseverancia ante la adversidad.

Reseña Lenta luz de la Habana por Angel Silvelo

 RAMÓN SURROCA, LENTA LUZ DE LA HABANA: EL PESO DE LA DIGNIDAD DEL DESENCANTO


Después de leer Lenta luz de La Habana de Ramón Surroca, cabe preguntarse cuánto pesan el alma o la dignidad, sobre todo, si sobre ellas se proyectan las sombras de los ideales de un régimen que comenzó siendo liberador para terminar convirtiéndose en totalitario. «No hay nada más veloz que la luz…, como los sueños que se resisten a morir», nos dice el autor al final del prólogo con el que se abre esta novela, y en el que ya nos ubica en el lugar y en el tiempo sobre el que transita esta historia que nos muestra el peso de la dignidad del desencanto, algo tan inmaterial como el alma o la materia de la que están fabricados los sueños, pues nadie más que uno mismo sabe de su valor y su trascendencia. De ahí, que casi al inicio de esta narración de “autoficción” uno de sus protagonistas nos diga: «Nos hemos acostumbrado a no esperar ya absolutamente nada, a vivir de los recuerdos». Y quizá, si Ramón Surroca pone en boca de uno de sus personajes tales palabras, sea porque una de las mayores tragedias del ser humano sea esa, ya que los recuerdos forman parte de la vida que se nos fue muriendo. En este caso, la búsqueda de la verdad anclada en la esperanza se muestra, por sí sola, como una bella manifestación de lo imposible, como imposibles son los sueños del que desea la luna cuando es incapaz de alcanzarla, lo que nos lleva a plantearnos que algo falla cuando el esfuerzo colectivo sólo tiene un reflejo positivo en las condiciones de vida de unos pocos, las de aquellos que solemos denominar como clase dirigente, porque entonces, la utopía de la libertad deja de ser un concepto inmaterial y deviene en la manera de afrontar y esquivar el laberinto diario que esa mala ejecución de los ideales lleva al desencanto a todos aquellos que un día lucharon y creyeron en ellos. En esta novela el aislamiento cubano no es sólo geográfico o político, sino que el acierto de Ramón Surroca está en mostrárnoslo como si fuera la búsqueda del hielo que el coronel Aureliano Buendía rememora frente al pelotón de fusilamiento en el famoso inicio de la novela de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, pues en muchos de sus personajes hay una reivindicación explícita e implícita de ese mundo que se fue y ya no existe, de esa realidad que ahora está impuesta por un día a día ni querido ni soñado. El realismo mágico del que en ocasiones beben los personajes de este viaje a las entrañas de la utópica búsqueda de la libertad por parte de los cubanos, es una muestra más del poder intrínseco que tienen los sueños y su capacidad para desvirtuar la realidad. Nora, Reynaldo, David, Óscar o Ana María, encarnan como pocas veces se da en la literatura esa travesía a lo largo del Ancho Mar de los Sargazos que Jean Rhys nos dibujó en la segunda mitad del siglo XX, para mostrarnos la desigualdad de aquellos que se convierten en extraños dentro de su propia tierra, en una especie de exilio que va más allá de uno mismo y de la conquista de su propia libertad.

Ramón Surroca en Lenta luz de La Habana también nos plantea, entre otras muchas cosas, no sólo la necesidad de la lucha por unos ideales, sino la importancia de la necesidad de la esperanza. Un pueblo sin esperanza es un pueblo muerto, y es ahí, donde el narrador de esta historia lucha contra sí mismo y su propio abatimiento cuando comprueba de primera mano el estado real de los cubanos que en su día apoyaron la “idealidad revolucionaria”. En este sentido, hay un juego de espejos que emiten imágenes y reflejos en varias direcciones, pues si los cubanos añoran la libertad con la que se vive en Occidente, el narrador siente lo contrario cuando ve el espíritu de lucha y sacrifico que tienen los cubanos a la hora de seguir manteniendo vivo el valor de unos ideales que han naufragado en su ejecución práctica con el paso de los años. Y de ahí deviene el sentimiento de culpa del narrador por ser embajador involuntario de un mundo anhelado por los demás. Sin embargo, hay una última posibilidad para la esperanza, y esta no es otra que la oportunidad del diálogo que nos presenta la opción de explorar los conceptos de “idealidad revolucionaria” —que han llevado al narrador y a Caterina a Cuba—, y el de la “rebelión” ante la severa experiencia de la situación real de los cubanos. Y es en esa confrontación biunívoca donde unos y otros ensalzan aquello que no tienen.

No obstante, la novela es también un viaje interior en el que su protagonista pone en cuestión su forma de ver y entender la vida, sus ideas y sus ideales. Y de esa obsesión nace este collage al que el narrador ha titulado como Lenta luz de La Habana que, tal y como él nos apunta, sus personajes «simbolizan la fe en valores que nunca debería abandonar el ser humano». A lo que hay que añadir que Ramón Surroca lo hace desde el punto de vista del narrador omnisciente, intentado mantener siempre ese punto de equilibrio entre lo vivido y lo recordado, lo visto y lo sentido, lo deseado y lo negado, lo que le proporciona a la historia un plus de autenticidad, pues en ningún momento se nos trata de llevar manipular, sino que más bien todo lo contrario, porque el autor se limita a mostrarnos aquello que él vivió hace algo más de veintidós años, y de esa forma, que cada lector extraiga sus propias conclusiones. En este sentido, cabría apuntar que estamos ante una novela atmosférica, no sólo por esas tormentas tropicales y lluvias torrenciales que acompañan el devenir de los personajes en esos momentos del día donde parece que todo se desvanece, sino que esta sensación también se produce cuando el narrador aborda las abundantes y minuciosas descripciones del entorno que visita, y cuando describe las impresiones que le sugieren cada uno de los personajes, a las que en muchas ocasiones el autor remata con una frase certera, por lo profundo de su mensaje; y brillante, por los magníficos juegos de imágenes que consigue con sus metáforas.

En definitiva, Lenta luz de La Habana nos narra la forma de vida de unos personajes que, entorno a una nueva forma de asociacionismo a la que ellos denominan como “la cooperativa”, nos muestra su lucha diaria por buscar y encontrar nuevas vías de llevar a cabo la revolución en la que un día creyeron de una forma digna, quizá, porque no les queda más remedio si quieren seguir soportando el peso de la dignidad del desencanto.

Ángel Silvelo Gabriel.