jueves, 22 de junio de 2017

Presentación Lenta luz de la Habana de Ramon Surroca en Madrid


PRESENTACIÓN EN MADRID

Libreria Rafael Alberti
c. Tutor, 57 Madrid
Día: 24 de junio
Hora: 13 h.
Presentará Ángel Silvelo

http://www.libreriaalberti.com/agenda/#sthash.9FNL2VcS.dpbs











viernes, 12 de mayo de 2017

Lenta luz de la Habana de Ramon Surroca


Lenta luz de la Habana
Ramon Surroca

ISBN: 9788479481438
286 páginas
PVP: 16 euros

Lenta luz de la Habana cuenta la historia de un grupo de amigos cubanos que han constituido una organización de acogida de turistas denominada la cooperativa. De la mano de la pareja protagonista, proveniente de Barcelona, asistimos a las complicadas vicisitudes a las que se ven sometidos los miembros de esta organización familiar como consecuencia de las condiciones políticas y económicas que padece la isla. Lenta luz de la Habana retrata el anhelo utópico que todavía persiste en muchos cubanos a pesar de las sombras que proyecta sobre ellos un régimen que se presentó como liberador y ha terminado convirtiéndose en totalitario. Más allá de partidismos ideológicos, Ramon Surroca rescata la verdad que subyace en la difícil esperanza de sus protagonistas y en la atmósfera poderosa de un paisaje que lo impregna todo y que refleja con precisión el auténtico rostro de Cuba, un lugar que se convierte en estas páginas en metáfora de la humana capacidad de perseverancia ante la adversidad.

Reseña Lenta luz de la Habana por Angel Silvelo

 RAMÓN SURROCA, LENTA LUZ DE LA HABANA: EL PESO DE LA DIGNIDAD DEL DESENCANTO


Después de leer Lenta luz de La Habana de Ramón Surroca, cabe preguntarse cuánto pesan el alma o la dignidad, sobre todo, si sobre ellas se proyectan las sombras de los ideales de un régimen que comenzó siendo liberador para terminar convirtiéndose en totalitario. «No hay nada más veloz que la luz…, como los sueños que se resisten a morir», nos dice el autor al final del prólogo con el que se abre esta novela, y en el que ya nos ubica en el lugar y en el tiempo sobre el que transita esta historia que nos muestra el peso de la dignidad del desencanto, algo tan inmaterial como el alma o la materia de la que están fabricados los sueños, pues nadie más que uno mismo sabe de su valor y su trascendencia. De ahí, que casi al inicio de esta narración de “autoficción” uno de sus protagonistas nos diga: «Nos hemos acostumbrado a no esperar ya absolutamente nada, a vivir de los recuerdos». Y quizá, si Ramón Surroca pone en boca de uno de sus personajes tales palabras, sea porque una de las mayores tragedias del ser humano sea esa, ya que los recuerdos forman parte de la vida que se nos fue muriendo. En este caso, la búsqueda de la verdad anclada en la esperanza se muestra, por sí sola, como una bella manifestación de lo imposible, como imposibles son los sueños del que desea la luna cuando es incapaz de alcanzarla, lo que nos lleva a plantearnos que algo falla cuando el esfuerzo colectivo sólo tiene un reflejo positivo en las condiciones de vida de unos pocos, las de aquellos que solemos denominar como clase dirigente, porque entonces, la utopía de la libertad deja de ser un concepto inmaterial y deviene en la manera de afrontar y esquivar el laberinto diario que esa mala ejecución de los ideales lleva al desencanto a todos aquellos que un día lucharon y creyeron en ellos. En esta novela el aislamiento cubano no es sólo geográfico o político, sino que el acierto de Ramón Surroca está en mostrárnoslo como si fuera la búsqueda del hielo que el coronel Aureliano Buendía rememora frente al pelotón de fusilamiento en el famoso inicio de la novela de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, pues en muchos de sus personajes hay una reivindicación explícita e implícita de ese mundo que se fue y ya no existe, de esa realidad que ahora está impuesta por un día a día ni querido ni soñado. El realismo mágico del que en ocasiones beben los personajes de este viaje a las entrañas de la utópica búsqueda de la libertad por parte de los cubanos, es una muestra más del poder intrínseco que tienen los sueños y su capacidad para desvirtuar la realidad. Nora, Reynaldo, David, Óscar o Ana María, encarnan como pocas veces se da en la literatura esa travesía a lo largo del Ancho Mar de los Sargazos que Jean Rhys nos dibujó en la segunda mitad del siglo XX, para mostrarnos la desigualdad de aquellos que se convierten en extraños dentro de su propia tierra, en una especie de exilio que va más allá de uno mismo y de la conquista de su propia libertad.

Ramón Surroca en Lenta luz de La Habana también nos plantea, entre otras muchas cosas, no sólo la necesidad de la lucha por unos ideales, sino la importancia de la necesidad de la esperanza. Un pueblo sin esperanza es un pueblo muerto, y es ahí, donde el narrador de esta historia lucha contra sí mismo y su propio abatimiento cuando comprueba de primera mano el estado real de los cubanos que en su día apoyaron la “idealidad revolucionaria”. En este sentido, hay un juego de espejos que emiten imágenes y reflejos en varias direcciones, pues si los cubanos añoran la libertad con la que se vive en Occidente, el narrador siente lo contrario cuando ve el espíritu de lucha y sacrifico que tienen los cubanos a la hora de seguir manteniendo vivo el valor de unos ideales que han naufragado en su ejecución práctica con el paso de los años. Y de ahí deviene el sentimiento de culpa del narrador por ser embajador involuntario de un mundo anhelado por los demás. Sin embargo, hay una última posibilidad para la esperanza, y esta no es otra que la oportunidad del diálogo que nos presenta la opción de explorar los conceptos de “idealidad revolucionaria” —que han llevado al narrador y a Caterina a Cuba—, y el de la “rebelión” ante la severa experiencia de la situación real de los cubanos. Y es en esa confrontación biunívoca donde unos y otros ensalzan aquello que no tienen.

No obstante, la novela es también un viaje interior en el que su protagonista pone en cuestión su forma de ver y entender la vida, sus ideas y sus ideales. Y de esa obsesión nace este collage al que el narrador ha titulado como Lenta luz de La Habana que, tal y como él nos apunta, sus personajes «simbolizan la fe en valores que nunca debería abandonar el ser humano». A lo que hay que añadir que Ramón Surroca lo hace desde el punto de vista del narrador omnisciente, intentado mantener siempre ese punto de equilibrio entre lo vivido y lo recordado, lo visto y lo sentido, lo deseado y lo negado, lo que le proporciona a la historia un plus de autenticidad, pues en ningún momento se nos trata de llevar manipular, sino que más bien todo lo contrario, porque el autor se limita a mostrarnos aquello que él vivió hace algo más de veintidós años, y de esa forma, que cada lector extraiga sus propias conclusiones. En este sentido, cabría apuntar que estamos ante una novela atmosférica, no sólo por esas tormentas tropicales y lluvias torrenciales que acompañan el devenir de los personajes en esos momentos del día donde parece que todo se desvanece, sino que esta sensación también se produce cuando el narrador aborda las abundantes y minuciosas descripciones del entorno que visita, y cuando describe las impresiones que le sugieren cada uno de los personajes, a las que en muchas ocasiones el autor remata con una frase certera, por lo profundo de su mensaje; y brillante, por los magníficos juegos de imágenes que consigue con sus metáforas.

En definitiva, Lenta luz de La Habana nos narra la forma de vida de unos personajes que, entorno a una nueva forma de asociacionismo a la que ellos denominan como “la cooperativa”, nos muestra su lucha diaria por buscar y encontrar nuevas vías de llevar a cabo la revolución en la que un día creyeron de una forma digna, quizá, porque no les queda más remedio si quieren seguir soportando el peso de la dignidad del desencanto.

Ángel Silvelo Gabriel.

miércoles, 15 de marzo de 2017

La oda del viejo marinero de Samuel Taylor Coleridge


La oda del viejo marinero / The Rime of the Ancient Mariner
Samuel Taylor Coleridge
Ilustraciones de Gustave Doré

ISBN: 9788479481421
88 páginas
PVP 13,50 euros

Oda al viejo Marinero (Rime of the ancient Mariner) es una balada del romanticismo inglés que nos da un mensaje de la necesidad de amor de todas las criaturas. La historia de un viejo Marinero que nos cuenta su viaje hacia el polo Sur donde los marineros violan la hospitalidad de un albatros y a partir de allí se desencadena una maldición sobre la nave. Después de convivir con seres sobrenaturales, fantasmas y muertos, en una atmósfera mágica y ultraterrena, la nave se acaba dirigiendo hacia las costas inglesas, y como expiación el viejo Marinero superviviente debe errar de país en país na­rrando su historia y enseñando, con su ejemplo, el amor y el respeto hacia todas las criaturas de Dios. Uno de los poemas más bellos de Samuel Taylor Coleridge (1772-1834), en una espléndida traducción de Eduardo Chamorro y exquisita ilustración de Gustave Doré.

¡A sotavento! de Santiago Miró




¡A sotavento!
Santiago Miró

ISBN: 9788479481407
256 páginas
PVP 16,50 euros

Felix I, rey de Saludania, se desplaza, como cada verano, de Kadum a Kentaka, en donde altas personalidades de la política y los negocios se dan cita, buscando contactar con él e intentando ser fotografiadas a su lado.
La historia se desarrolla paralelamente a la de otro personaje, Antonio Hernández, un habilidoso contra­bandista cuyo barco es descubierto por el Servicio de Vigilancia Aduanera con una mercancía de varios kilos de cocaína.

El monarca, que ha sabido ganarse el apoyo y bene­plácito de todos, se ve, al final, enfrentado a una crisis sin precedente que trata de soslayar con su carisma habitual. Pero, esta vez…